La renovación de una marca es un trámite necesario para mantener su vigencia, pero no es un mero trámite ya que puede resultar necesario tener un asesoramiento adecuado para evitar problemas.
La vida leal de una marca es de 10 años y se puede renovar sucesivamente de forma indefinida pagando las tasas de renovación.
Sin embargo puede resultar que no se trate de una cuestión sencilla. Pongamos un ejemplo. Un titular de una marca antigua denominativa cambia la imagen de su marca y decide registrar una nueva marca con dicha denominación a la que se añade un diseño distintivo (marca mixta). Solicitada esta nueva marca, vence la denominativa más antigua y dado que ha solicitado la nueva marca, decide abandonarla y no procede a su renovación.
Podría ocurrir que, por las circunstancias que sean, se hubiera solicitado una marca por un tercero posterior a la antigua denominativa y anterior a la nueva marca mixta, en cuyo caso prácticamente se perdería la posibilidad de atacar por nulidad a la marca que “se ha colado”.
Podría ocurrir que se hubiera solicitado una marca por un tercero antes que la nueva mixta y no se hubiera detectado porque todavía no se ha publicado, con lo cual podría oponerse a la nueva marca mixta.
Podrían ocurrir muchas cosas más y de hecho en la práctica cotidiana ocurren por la conocida “ley de Murphy”.
Por ello es imprescindible (aún en el caso de que se tengan muy pocas marcas) recurrir a un buen asesor para prevenir conflictos futuros y garantizar una adecuada protección de las marcas.
No hay que olvidar que no es necesario esperar a última hora para renovar una marca, ya que se puede solicitar la renovación hasta seis meses antes de que cumpla el plazo.
Mucho cuidado porque existen anuncios fraudulentos de renovaciones de marcas. Consulta siempre a tu asesor de marcas.
